La iglesia San José Obrero en la trayectoria compartida de Enrique de la Mora y Félix Candela

Por Pablo Landa Ruiloba

 

A principio de la década de los cuarenta comenzó la construcción de la Iglesia de la Purísima en Monterrey. Su estructura está conformada por un cañón con forma de parábola interceptado por otro más pequeño, de manera que la planta es en forma de cruz, siguiendo la tipología eclesiástica tradicional. La estética de la iglesia, sin embargo, no es tradicional. Es una obra moderna, sin ornamento añadido; antes y durante su construcción, sus muchos detractores argumentaron que el diseño era más propicio para una fábrica que para un templo. Sus defensores, por su parte, identificaban la obra como un eslabón en una historia de progreso cultural y artístico. Al ser inaugurada la iglesia, terminó la controversia. La Purísima fue aclamada tanto por los críticos de arquitectura como por la sociedad regiomontana. Se había impuesto el lenguaje del movimiento moderno en la ciudad.

 

En distintas publicaciones se acusa al constructor de la Purísima de frustrar la intención de su arquitecto, Enrique de la Mora, de hacer una cubierta más ligera.¹ Estructuralmente, no son necesarias las trabes que se aprecian desde el interior del edificio y, se dice, la superficie de concreto armado pudo ser más delgada. Estos comentarios, sin embargo, tienen sentido sólo a la luz de la historia posterior de la arquitectura en México. La Purísima fue el primero de una serie de edificios techados con cascarones de concreto armado en el país. En los años cuarenta no existían en el país los conocimientos técnicos para la construcción de paraboloides hiperbólicos de este material.

 

Este tipo de estructura comenzó a ser desarrollado en un proyecto posterior, la Bolsa de Valores (1954), en el que Enrique de la Mora, junto con Fernando López Carmona, buscaban realizar un diseño similar a la Purísima pero más audaz. Se les ocurrió modificar la forma de las parábolas en su sección longitudinal para darles mayor resistencia. Según narra Juan Ignacio del Cueto,² con esta idea en mente, los arquitectos se acercaron a Félix Candela, quién en ese entonces comenzaba a realizar cascarones de concreto, y arribaron a la solución construida, con dos bóvedas perpendiculares que se encuentran y cubren una planta cuadrada. A diferencia de la Purísima, en este caso las bóvedas se elevan hacia su perímetro, como si se tratara de sillas de montar.

 

Esto les da mucho mayor rigidez y hace innecesarias las trabes. La Bolsa de Valores fue el inicio de una larga relación entre De la Mora y Candela, durante la que ensayaron distintos tipos de cubiertas. La iglesia de San José Obrero realizada entre 1957 y 1962 en la Colonia Cuauhtémoc de San Nicolás de los Garza, en la zona metropolitana de Monterrey, forma parte de una serie de proyectos compuestos por paraboloides hiperbólicos que, a diferencia de los de la Purísima y la Bolsa de Valores, no se tocan entre sí. Son piezas independientes que, como gajos, se articulan en distintas composiciones.

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La iglesia de San José Obrero está compuesta por dos paraboloides idénticos que se encuentran y tocan el terreno en sólo dos puntos, en el oriente y poniente, y vuelan libremente en los extremos norte y sur. El espacio interior está contenido por un vitral. El acceso se encuentra a ambos lados del punto en el que la estructura llega al suelo en el oriente. El altar está en ese mismo eje, en el extremo poniente de la planta. En el proyecto original, el altar se encontraba en el norte y el acceso en el sur. De la Mora y Candela habían ya ensayado la configuración interior propuesta para San José Obrero en El Altillo (1955), en la Ciudad de México, donde el acceso y el altar están en el eje más largo de una estructura con un solo paraboloide. El altar, al fondo de un espacio con un leve desnivel, está enmarcado por vitrales.

↑ (3)

Otra modificación que sufrió el proyecto original de San José Obrero fue la construcción de una sacristía detrás del altar, la cual es una caja pegada a la estructura que no permite apreciar cómo está sostenida. Estos y otros cambios, si bien desafortunados, no restan importancia a la iglesia como parte de una trayectoria basada en la exploración de distintas configuraciones facilitada por el perfeccionamiento de las estructuras. Poco después de San José Obrero, los arquitectos diseñaron la iglesia de San Vicente de Paul (1962) en la Ciudad de México, la cual está compuesta por tres paraboloides similares a los de San José Obrero. Es parte también de esta serie la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe (1963) en Madrid, con una cubierta compuesta por ocho paraboloides.

 

San José Obrero tiene una “trabe de borde” —es decir, una parte más ancha que aporta rigidez a la estructura— en todo el perímetro de los cascarones. En San Vicente de Paul esta trabe existe sólo en la parte inferior de los cascarones y en Nuestra Señora de Guadalupe ha prácticamente desaparecido. Los críticos podrían cuestionar la presencia de este elemento en San José Obrero a la luz de obras posteriores, tal y como cuestionan las trabes interiores de la Purísima. Sin embargo, conviene más bien entenderlas como pasos en un proceso de diseño que se desarrolló a lo largo de tres décadas. En cada nueva cubierta, De la Mora y Candela ensayaban una variación que sumaba los aprendizajes adquiridos. Además, en cada proyecto agregaban un mayor grado de complejidad a su dimensión formal.

 

En la obra de Enrique de la Mora y Félix Candela, la historia de la arquitectura está íntimamente ligada a la historia del desarrollo tecnológico. Otra manera de decir esto es que, en sus proyectos, la solución plástica coincide cabalmente con la solución estructural. No se trata simplemente de estructuras pragmáticas que resultan verse bien. No son tampoco formas que surgieron de un impulso escultórico y fueron después solucionadas estructuralmente. Son proyectos en los que la exploración de posibilidades estructurales es una exploración estética y vice versa. En este sentido, son una manifestación de uno de los ideales del movimiento moderno: la arquitectura es su estructura desnuda y las funciones que cobija, y no el diseño de fachadas o formas. Fue este ideal el que impulsó la adopción de la estética industrial en edificaciones públicas y religiosas, como ocurrió, para consternación de algunos y beneplácito de otros, en la Iglesia de la Purísima.

REFERENCIAS
¹ Ver, por ejemplo, Gonzalez Pozo. Enrique de la Mora. Vida y Obra. Ciudad de México: INBA, 1981, pag. 14 y Max Cetto. Arquitectura moderna en México. Nueva York: Frederick A. Praeger, 1961, pag. 35.

 

² Juan Ignacio del Cueto Ruiz-Funes. “Las bóvedas por arista de Félix Candela: variaciones sobre un mismo tema”, Bitácora, no. 23, 2011, pag. 39.

 

IMÁGENES
(01 – 03) Estructura de la iglesia San José Obrero durante su construcción, circa 1958. Fuente: Structural Design II, Philippe Block Joseph Schwartz

HITOS EN ESTA HISTORIA:

PERSONAJES INVOLUCRADOS:

Arquitecto

Enrique de la Mora y Palomar

Ingeniero

Félix Candela

Arquitecto

Fernando López Carmona

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